8.11.09

DOS HISTORIAS

Las fuerzas contra las que había que luchar en su adolescencia se aliaban y su periódico de toda la vida, aquel que descubrió en aquellos años románticos de militancia, la remitía a aquellos grandes almacenes de renombre.

Había pegado todos los cupones en la cartilla que un domingo, María, la de los periódicos, le dio cuando compró el suyo. Se vio en la mesa de la cocina pegando aquellos sellos que su madre traía de la compra, luego ella los cambiaría por sartenes, cucharones, cacerolas, .... Ella ahora los iba a cambiar por productos de marca.


Estaba en la entrada del supermercado con la lista que debía coger de las estanterías sin saber por donde empezar.

– Perdone, le han avisado de que no va a encontrar algunos productos
– No, simplemente me han validado la cartilla
– Pues.. yo vine la semana pasada y me dijeron que me avisarían cuando tuvieran los que no me pude llevar. No sé si hoy los habrán recibido pero a mí no me han llamado.
– De todas formas yo que no conozco este sitio… tiene que llevar un tiempo encontrarlos todos ¿no?
– ¡Ah, sí, es verdad! Pero lo facilita una etiqueta con la marca de la campaña que verá en los pasillos donde debe buscar.
– Gracias,

Cuando el hombre se retiraba se acordó de algo más que la podía ayudar y se lo ofreció

– También le puede servir de ayuda saber que el número pequeño que figura debajo de la foto de cada producto es el número de barra. Nosotros nos confundimos al coger algún producto y luego la cajera nos dijo que ese no era producto de la promoción.


…………………………………………………………………………………………
Al entrar preguntó a una mujer vestida de negro si había que coger número, la persona que estaba detrás de uno de los mostradores retiró el cartel de cerrado se ofreció a atenderlas. Pensó que venían juntas pero no era así. Así que ella esperó sin coger número que la otra persona hiciera su gestión.

Se conocían de vista y la gestión y la conversación se fueron alargando. Ella observaba a una mujer negra rotunda que se afanaba en escribir en un papel. Otras personas iban llegando y cogiendo número de aquella lengua roja pegada a la pared. El primero en llegar era un individuo de escasa estatura vestido como para correr el circuito de Jerez. Detrás llegaron dos hombres en animada conversación que también cogieron un papelito de aquellos.

La mujer de negro terminó su gestión y la persona que le atendía cerró su mostradro al grito de
– ¡Cojan número, por favor!
– ¿Cómo ahora hay que coger número?
– Desde hace tiempo, llevamos más de un año con este sistema, ya lo tienen que saber

¡Y a mí qué! – pensó- si es la primera vez que vengo pero no dijo nada, sabía que eran esos malos entendidos que a veces ocurren. Se acercó a la lengua que escupía números y le pegó un tirón. Miró a su alrededor, la negra rotunda seguía afanada en sus escritos y justo cuando dio por finalizada su tarea, se oyó un pitido. El motorista y la negra se acercaron al mostrador pero la negra ganó la carrera. El motorista inició una protesta y ella, la sin número, dijo
– Esa mujer estaba antes que yo.
Que equivalía a decir y yo estaba antes que tú aunque no tuviera número.

Los hombres que habían llegado después del motorista le cambiaron su número.
– Tome usted ya estaba aquí cuando llegamos nosotros
– Muchas gracias, muy amable.

Pero el motorista y otra mujer se hicieron el longuis y pasaron antes porque ellos tenían número.

Ella seguía pensando en el hombre que se le acercó en el supermercado para facilitarle su búsqueda o en la reacción del que le había dado el número. ¿Qué pensaría el motorista? ¿Creería que había ganado una carrera? Como se podía ganar así el campeonato.

1 Comments:

Blogger Fernando said...

Hay quien va ganando campeonatos, pero sin ganar nada: de victoria en victoria hasta la derrota final.
Dejémosles que se lo ganen a pulso. Su infierno particular, claro.

2:07 p. m.

 

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